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Autoinmunidad
Posted by Dr. Raul Choque
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lunes, 15 de febrero de 2010
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Autoinmunidad
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El concepto de autoinmunidad fue inicialmente enunciado por Paul Ehrlich a comienzos del siglo xx y lo describió como “el horror autotóxico”. Sus experimentos le llevaron a concluir que el sistema inmune está normalmente focalizado en la respuesta a materiales extraños y muestra una marcada tendencia a evitar el daño de los tejidos propios. Sin embargo, este comportamiento fisiológico puede alterarse y el sistema inmune puede reaccionar de forma aberrante frente a las células y moléculas del organismo, produciéndose la llamada respuesta autoinmune. Actualmente sabemos que la autoinmunidad se produce cuando el sistema inmune de un individuo responde de forma específica frente a antígenos propios, generando consecuencias lesivas para la función y/o estructura de los correspondientes órganos o tejidos.
La autoinmunidad es un síndrome desencadenado por alteraciones en los procesos de regulación de la autorreactividad en el que se implican diferentes anomalías que pueden concurrir en mayor o menor medida en cada paciente o situación patológica. Existen diversas evidencias que demuestran la alteración concomitante o preferencial de fallos en el proceso de control de la autorreactividad, que induce reacción patológica o autoinmunidad, que permiten el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas.
Las enfermedades autoinmunes se producen cuando las respuestas inmunes adaptativas (antígeno específicas) se dirigen contra determinados antígenos propios.
La enfermedad autoinmune ocurre cuando las respuestas inmunes de linfocitos T y B autorreactivos no son adecuadamente controladas, y estas células se diferencian en linfocitos T efectores y células plasmáticas que dañan los tejidos propios.
Las células T autorreactivas y los autoanticuerpos producidos por células B autorreactivas son los que reconocen los autoantígenos. La autorreactividad es un hecho fisiológico y habitual en las células del sistema inmunológico adaptativo.
La autoinmunidad se produce cuando estas células autorreactivas adquieren la capacidad para desencadenar consecuencias lesionales. En este fallo de la tolerancia a los antígenos propios participan una serie de mecanismos de iniciación que incluyen la presentación de autoantígenos a los linfocitos T autorreactivos por parte de las células presentadoras de antígenos (APC) activadas; la activación específica de linfocitos autorreactivos T y B, su expansión y diferenciación clonal y la respuesta efectora dirigida contra los autoantígenos.
En la autoinmunidad son muy importantes los mecanismos que contribuyen a la amplificación y perpetuación del daño: la inflamación, el ciclo lesión-presentación, la retroalimentación por células memoria antígeno específicas y la presentación de autoantígenos por células B autorreactivas que retroalimentan y amplifican estos procesos. El conocimiento de estos mecanismos inductores, efectores y amplificadores de la autoinmunidad ofrece vías abiertas a la posibilidad de intervención terapéutica que interfieran con ellos.
El proceso de alteración de la regulación de la autorreactividad y generación de autoinmunidad está enmarcado en el comportamiento del sistema inmunológico. El curso de las patologías autoinmunes suele ser crónico con periodos en los que la intensidad de los procesos que causan el daño tisular disminuye y otros en los que se exacerba.
Esta evolución recidivante con brotes de actividad intercalados con periodos con menor expresión biológica y clínica de la enfermedad ocurre incluso en ausencia de tratamiento, y demuestra la importancia de los mecanismos fisiológicos capaces de regular la actividad de estos procesos autoinmunes. La especificidad es otra característica muy común de las patologías autoinmunes, y se refiere a que en cada enfermedad autoinmune el fracaso de la tolerancia se produce contra determinados antígenos. La distribución órgano específica o ubicua de los autoantígenos determinará la extensión órgano específica o sistémica de la enfermedad.
La autoinmunidad es un síndrome desencadenado por alteraciones en los procesos de regulación de la autorreactividad en el que se implican diferentes anomalías que pueden concurrir en mayor o menor medida en cada paciente o situación patológica. Existen diversas evidencias que demuestran la alteración concomitante o preferencial de fallos en el proceso de control de la autorreactividad, que induce reacción patológica o autoinmunidad, que permiten el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas.
Las enfermedades autoinmunes se producen cuando las respuestas inmunes adaptativas (antígeno específicas) se dirigen contra determinados antígenos propios.
La enfermedad autoinmune ocurre cuando las respuestas inmunes de linfocitos T y B autorreactivos no son adecuadamente controladas, y estas células se diferencian en linfocitos T efectores y células plasmáticas que dañan los tejidos propios.
Las células T autorreactivas y los autoanticuerpos producidos por células B autorreactivas son los que reconocen los autoantígenos. La autorreactividad es un hecho fisiológico y habitual en las células del sistema inmunológico adaptativo.
La autoinmunidad se produce cuando estas células autorreactivas adquieren la capacidad para desencadenar consecuencias lesionales. En este fallo de la tolerancia a los antígenos propios participan una serie de mecanismos de iniciación que incluyen la presentación de autoantígenos a los linfocitos T autorreactivos por parte de las células presentadoras de antígenos (APC) activadas; la activación específica de linfocitos autorreactivos T y B, su expansión y diferenciación clonal y la respuesta efectora dirigida contra los autoantígenos.
En la autoinmunidad son muy importantes los mecanismos que contribuyen a la amplificación y perpetuación del daño: la inflamación, el ciclo lesión-presentación, la retroalimentación por células memoria antígeno específicas y la presentación de autoantígenos por células B autorreactivas que retroalimentan y amplifican estos procesos. El conocimiento de estos mecanismos inductores, efectores y amplificadores de la autoinmunidad ofrece vías abiertas a la posibilidad de intervención terapéutica que interfieran con ellos.
El proceso de alteración de la regulación de la autorreactividad y generación de autoinmunidad está enmarcado en el comportamiento del sistema inmunológico. El curso de las patologías autoinmunes suele ser crónico con periodos en los que la intensidad de los procesos que causan el daño tisular disminuye y otros en los que se exacerba.
Esta evolución recidivante con brotes de actividad intercalados con periodos con menor expresión biológica y clínica de la enfermedad ocurre incluso en ausencia de tratamiento, y demuestra la importancia de los mecanismos fisiológicos capaces de regular la actividad de estos procesos autoinmunes. La especificidad es otra característica muy común de las patologías autoinmunes, y se refiere a que en cada enfermedad autoinmune el fracaso de la tolerancia se produce contra determinados antígenos. La distribución órgano específica o ubicua de los autoantígenos determinará la extensión órgano específica o sistémica de la enfermedad.
Patogenia de la autoinmunidad
Posted by Dr. Raul Choque
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domingo, 14 de febrero de 2010
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Autoinmunidad
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Ruptura de la tolerancia:
La mayoría de las enfermedades autoinmunes no se deben al fracaso de la tolerancia central, sino principalmente a fallos en los mecanismos de tolerancia periférica. El fallo en la tolerancia periférica se puede producir por distintas alteraciones en: la respuesta inmune innata, la ignorancia inmunitaria, el aclaramiento de restos celulares e inmunocomplejos, el control intrínseco y extrínseco de las respuestas de linfocitos T.
El fallo en la tolerancia central puede deberse a la ausencia de expresión de genes propios en los OLP: la incapacidad de expresar genes que codifican antígenos propios en el timo predispone a la autoinmunidad. Por ejemplo, un defecto en el gen para el factor de transcripción regulador autoinmune (AIRE) produce el APECED (autoinmune-polyendocrinopathycandidiasis-ectodermal dystrophy). Los ratones KO para el gen AIRE no expresan muchos de los genes “periféricos en el timo” y sufren un síndrome autoinmune similar.
También hay factores ambientales que pueden interferir en los procesos de selección de timocitos. Por ejemplo, fármacos como la procainamida alteran la selección negativa y provocan exportación tímica de linfocitos T autorreactivos para cromatina. Sin embargo, la mayoría de las enfermedades autoinmunes en humanos no se deben al fracaso de la tolerancia central, sino principalmente a fallos en los mecanismos de la tolerancia periférica. El fallo en la tolerancia periférica se puede producir por distintos mecanismos que se detallan a continuación.
Ha sido demostrado en modelos animales de enfermedad autoinmune que la activación inapropiada de las rutas de señalización por TLR (toll-like receptors) en animales susceptibles puede provocar la iniciación o perpetuación de fenómenos autoinmunes. En este proceso están implicados varios mecanismos.
También hay factores ambientales que pueden interferir en los procesos de selección de timocitos. Por ejemplo, fármacos como la procainamida alteran la selección negativa y provocan exportación tímica de linfocitos T autorreactivos para cromatina. Sin embargo, la mayoría de las enfermedades autoinmunes en humanos no se deben al fracaso de la tolerancia central, sino principalmente a fallos en los mecanismos de la tolerancia periférica. El fallo en la tolerancia periférica se puede producir por distintos mecanismos que se detallan a continuación.
Alteraciones en los mecanismos de la respuesta
inmune innata.
inmune innata.
Ha sido demostrado en modelos animales de enfermedad autoinmune que la activación inapropiada de las rutas de señalización por TLR (toll-like receptors) en animales susceptibles puede provocar la iniciación o perpetuación de fenómenos autoinmunes. En este proceso están implicados varios mecanismos.
Activación inapropiada de TLR por ligandos exógenos o endógenos.
Varios ligandos propios son capaces de estimular distintos receptores miembros de la familia TLR: TLR-2, TLR-3, TLR-4, TLR-7, TLR-8 y TLR-9. Específicamente, TLR-2 y TLR-4 pueden ser estimulados por fibrinógeno, hialuronato, proteínas de choque térmico y proteínas de baja densidad modificadas, estando implicadas en su activación para la producción de citoquinas proinflamatorias en el líquido sinovial de pacientes con artritis reumatoide o en la inflamación estéril en aterosclerosis.
Cuando se produce una liberación abundante de autoantígenos (daño tisular, apoptosis incrementada, aclaración defectiva del debrís, inflamación), los ácidos nucleicos propios con potencial autoantigénico pueden sortear el mecanismo protector de contención intracelular del antígeno y activar TLR intracelulares. La internalización mediada por BCR y FcγR de ácidos nucleicos propios representa sólo dos de los mecanismos implicados en la estimulación de linfocitos B y células dendríticas (DC), respectivamente, por ácidos nucleicos propios.
Mimetismo molecular y potenciación de la presentación de autoantígenos a través de la activación de células presentadoras de antígenos.
Se ha documentado en modelos animales la habilidad de ligandos exógenos de TLR para desencadenar una enfermedad autoinmune activando una respuesta inmune específica dirigida contra la proteína exógena y contra antígenos propios que comparten epítopos estructuralmente similares (mimetismo molecular) a los de la proteína exógena. La maduración de DC inducida por TLR y la mejora de su capacidad de presentación de antígenos puede aumentar la eficiencia de la presentación de autoantígenos resultando en autoinmunidad.
Una regulación defectuosa de la función de células T reguladoras de la autoinmunidad mediada por TLR.
La función apropiada de las Treg representa un aspecto importante de la tolerancia inmune. Se ha sugerido que los TLR, junto con otras señales, regulan colectivamente la perfecta armonización de la actividad supresora de las Treg, con el fin de inhibir las respuestas autoinmunes. En este contexto la señalización a través de TLR ha sido propuesta como una señal de activación para Treg. Perturbaciones en la función de las Treg mediadas por TLR podrían contribuir a la patogénesis de las enfermedades autoinmunes.




